El rap a veces, sorprende

"Fear not of men, because men must die" (Mos Def)
"A veces pierdo la memoria y gano un sexto sentido, me olvido de lo que vivo pero no de lo que escribo" (SFDK)
"¿Merece la pena hacer lo que se supone que debes más veces de lo que realmente quieres?" (Chojin)
"El amor es eso nena, envejecer sin darse cuenta, seguir viendo con 22 añitos a quién tiene ya los 40" (Xhelazz)

miércoles, 24 de diciembre de 2008

Helios Ra Sunshine

Helios Ra subió al ascensor con la mirada perdida y en la cabeza la cena que le esperaba en su casa; vivía en el edificio Rushmore, piso 31.


Helios Ra odiaba a sus padres desde que tuvo la edad para recibir las burlas por su extraño nombre; siempre había pensado que le habían puesto un nombre ridículo y nunca lo entendió. Puede que nosotros nos aclaremos mejor si recordamos algo que el borró de su memoria hace muchos años; fue concebido, parido y criado hasta los dos años en una comuna mezcla de “hippies” y secta en donde adoraban al sol como creador del mundo. De ahí su nombre compuesto de Helio y Ra, personificaciones del Sol en Grecia y en Egipto respectivamente.

Helios Ra subió al ascensor que como siempre que llegaba del trabajo estaba repleto de gente. Enlatados como estaban sólo veían al resto como molestas cosas que no les permitían estar cómodos. Nadie se saludaba ni se hablaba; Helios entró el último.


Helios Ra subió al ascensor, estaban en el garaje 6, planta sexta por debajo del suelo, lo más cerca que se puede estar del infierno; le quedaban cerca de 40 pisos para poder cenar… mira que ponerme este nombre, es ridículo… con este nombre no me van a ofrecer nunca formar parte de consejo de accionistas… . Helios Ra era un gran “broker”; desde hacía 15 años vivía entre acciones, OPAS, chivatazos, mentiras y puñaladas por la espalda. Había visto y vivido mucho; y no siempre había actuado con honradez, de hecho, muchas veces parecía más un ladrón que un corredor de bolsa, aunque nunca se sentía culpable por ello.

Claro que eso le había granjeado muchos enemigos pero a alguien como él, que había llegado casi a lo más alto, no le quitaba el sueño ¿Qué le podían hacer? Era muy cuidadoso con sus asuntos turbios, los tenía bien protegidos y se cubría mucho más que el resto. Además era de las personas más importantes e influyentes de Wall Street, ¿Quién podría, siquiera imaginar, ir a por él?

Helios Ra subió al ascensor, era el último de la cola y detrás de él las puertas comenzaban a cerrarse cuando una mano grande; no, grande es poco, una mano enorme, como de un cíclope gigante griego, las volvió a abrir. Enfrente de todos los ocupantes del ascensor apareció una mole de casi dos metros, con la mandíbula muy prominente y con un parche en el ojo. De veras, no inspiraba ninguna confianza. No obstante, los ocupantes le observaron como una molestia más; todos los corderos del sistema, ricos y triunfadores, pensaban como siempre lo mismo, “lo voy a pasar mal hasta llegar a casa” y lo cierto es que el espacio libre que quedaba era reducido y el cíclope lo estaba teniendo difícil para entrar. En cuanto se ganó el espacio, el resto resopló.

Helios Ra estaba en el ascensor, y este ascendía a toda velocidad hasta el primer piso, después el segundo, a continuación el tercero y así hasta que en el piso quince se quedaron solos el cíclope y nuestro hijo del sol.


A lo largo de la ascensión el gigante no había soltado el móvil, y aunque llevaba varios intentos, hasta se le oyó como dejaba un mensaje en un contestador; no había llamado más que a un número. En un instante de raciocinio pasajero el gigante recordó algo muy importante; y ya en el piso veintidós marcó otro número de teléfono. Helios Ra continuaba en el ascensor, era el único problema de vivir en los pisos más caros del edificio Rushmore, que siempre son los más altos. De repente le sonó el móvil y el cíclope se le quedó mirando con su único ojo abierto de tal forma que casi se podía ver la cuenca de la que se estaba saliendo.


Helios Ra está dentro del ascensor, con el tuerto mirándole de arriba abajo, contesta al teléfono; le cuelgan. El cíclope cuelga en ese mismo momento y le dice con la frialdad más sorprendente:


- ¿Helios Ra Sunshine? He venido a matarte.


Le agarra del cuello con la enorme mano, que ahora esta cubierta por un guante de piel negra muy áspera, parece que le lime el cuello a Helios Ra. Pero la mano le está agarrando sin mucha fuerza, sólo le retiene.


- ¿Helios Ra Sunshine?- le seguía preguntando el nombre, aunque no había duda de que era él; parecía que lo hiciese como sino se creyese que fuera de verdad o para reírse; era imposible distinguir nada en su inexpresiva cara- Tenemos que ir primero a su piso. No grite.


Helios Ra salió del ascensor seguido de su futuro asesino y abrió la puerta de su casa, era como una mansión en el piso 31 y en mitad de Nueva York. No tenía paredes que dieran al exterior, todas eran ventanales. En la entrada había un teléfono y un contestador.


- ¿Helios Ra Sunshine?- esta vez el gigante monocular se sonrío; si, se estaba mofando de su nombre- Borra los mensajes, te había dejado uno para tenderte una trampa pero todo ha sido mucho más fácil.


Helios Ra Sunshine borró los mensajes y antes de que pudiera levantar la cabeza esta cayó por el suelo.

Si que están afiladas las catanas, pensó el asesino al que todos llamaban Moonlight; y con una sonrisa en la boca se fue del piso. Cerró la puerta con su enorme mano aún cubierta por los guantes y entró en el ascensor.


Moonlight subió al ascenso, y entre carcajadas que no podía controlar dijo en alto aunque nadie hubiera con él:


- ¿Helio Ra Sunshine? Que nombre más ridículo….

sábado, 20 de diciembre de 2008

Analogía de las baldosas

(Por favor quien lea esto que lo haga a poder ser en voz alta para ver si realmente tiene ritmo.)



Las baldosas ¡Ay! Las baldosas. Días negros que solo quieres mirar al suelo, ahí están las baldosas...

Mira.

En ese día negro que solo quería mirar al suelo, me lancé a la calle, sin levantar la mirada, ayer ya me estrellé comprobé que no existe ningún hada. Agaché la cabeza, me puse los cascos y mi conciencia empezó a funcionar dando tumbos hasta que ella apareció, me dió una idea que lo que pensaba ordenó, una analogía surgía de esta cabeza mía; mi cortex bribaba, latía, despertaba, reía y a los pocos minutos tradujo lo que sentía para que mi lógica entendiera lo que decía.

Analogía. Es esta.

Analogía de las baldosas que pisas al compás de tu centro de gravedad, la clave no conocía así que yo solo la tendría que encontrar. Las primeras eran planas, las siguientes con arrugas, las de después muy desgastadas y las últimas demacradas, viejas y destrozadas. Mientras andaba por las rotas mi confianza bajó hasta su altura.

¿Por qué? No sé.

Me perdía intentando descubrir que sería lo que me decían y entonces oí como mis neuronas crujían, sin la llave dí con la clave. Cambié de calle, baldosas nuevas no perfectas pero si muy cuidadas; muchos años llevaban allí colocadas y hasta ahora cuando pasaba nunca me fijaba. Este recorrido sobre baldosas lo había vivido antes, pero mis neuronas no debían de estar presentes.

Comencé a cavilar y la clave empecé a ver funcionar. Repasé las baldosas que acababa de pisar y lo ví claro, la analogía era con mi vida.


Las que pisé primero eran nuevas como yo de pequeño, antes de los 14 años, donde la inocencia cubría lo que miraba, nada asustaba porque nada me atacaba, crecía y lo que antes no me hería, ahora me pegaba restando veranos a mi vida sana. Pasaron los años y algo se pudría, el alcohol ya me acompañaba y me acompañaría, privaba sin parar con tan solo quince y no pude resistirme a fumar a la misma edad. Esta precocidad, factura me tenía que pasar y mi cara fue la primera en dejarlo mostrar pero no está de más decir que no entendí lo que me iba a pasar. Las terceras mostraban el deterioro de forma muy clara, nunca habían sido oro pero en es día con mis pisadas casi las desmontaba. Tenía 18, no había olido un chocho, pero ya rasgué mi nariz con todos los tipos de polvos que a mi alcance ví. Pasaba el tiempo y yo caía, los porros, espid, coca, ácidos, maría, corrompían mi naturaleza y me dejarían sin memoria. La paranoía abrumaba mi imaginación y me dejaba el coco seco como si fuera Belloch. No confiaba, si salía, no amaba, si bebía, no estudiaba, me metía y fumaba y me enfrentaba a la policía, algo que hago todavía. Luego llegó el día, no podría ser de otra manera, en que algo en mi cabeza me dijo que ya no seguiría.

Estábamos en el C.B. como siempre, teníamos espid, como simpre, fumábamos polen, como siempre y como otras veces cogimos ácido y lo tomamos todo. Lo anterior mezclao con alcohol produjo en mi interior tal explosión que recordando los simpson, los ví a todos como si fueran demonios. Me habían hablado de los malos viajes y esta vez, cogí billete de primaria clase; y así me quedé yo como las baldosas demacradas y con una depresión.

Todo lo anterior vino acompañado con dejar abandonados a mis colegas de verdad por unos gilipollas que solo me aportaban mierda. Pero salí sabiendo como me perdí; drogas y porque me importaba lo que otros pensaran de mi. Así que después de sonreir a la paranoia y la depresión me puse unas máximas, que me devolvieran la alegría y la imaginación.

"Que importa lo que piensen de mí, mientras yo siga feliz". Volví con los míos y dejé atrás lo que no quería.

Volvemos al principio, encima de las baldosas restauradas y bien tratadas, estoy de pie allí pensando... quién me empuja, quién me mueve... ¡Coño! es alguién que se ríe. Normal llevo cavilando diez minutos ahí parado. Descubierta la analogía ya nada me retenía, continué el camino pasando de que se reía; no me ha importado, yo también me reiría. Llego a clase, alguién intenta enseñarme pero mi cabeza solo imagina como escribiría esta rara analogía.

Antisocial

Querido diario,


Siempre que escribo aquí tengo la impresión de que dejo mis pensamientos a mano de cualquiera pero que a nadie le interesan, y por extraño que parezca no me disgusta. Siempre he sido un poco antisocial y he disfrutado de la soledad desde todos los ángulos, esto me hace pensar e imaginar. Un día que iba por la calle encerrado en mis pensamientos y sin ganas de compartir mi tiempo me puse a mirar al suelo; ví como ante mis ojos pasaban baldosas sin ningún sentido... hasta que se lo quise dar y así es como ha salido esto.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

Un Rolex nunca miente

- Perdón, creo que le he pisado…

- No hay problema…pero … ¿Tú no eres Paco?

- Si, así me llaman. Y tú, ¿quién eres?

- ¿No te acuerdas de mí? Del instituto, cuando estábamos en 3º. Soy José Mari, el “yoyos”.

- ¡¿José Mari?! Ah… el “yoyos”. Si, claro que me acuerdo de ti. Lo siento por no reconocerte de primeras, pero tío, es que has cambiado tanto.

- ¿De veras? Yo a ti te veo igual. No has cambiado nada… Pero dime, cuéntame como te va.

- ¿A mí? Pues no muy bien, tío. Ya sabes, estoy de ETT en ETT, con trabajos basura y contratos de mierda de sólo dos días. Toda esa porquería…
Aunque por lo que veo a ti no te va tan mal con tu traje de marca, ese reloj de oro que te asoma y …¿una corbata de seda? Cuéntame un poco de tu vida, que así podré olvidar mis miserias.

- No hay mucho que contar. Después del instituto me encerré en los estudios; ni salía, ni viajaba, nada. Me centré tanto que acaparé becas, premios por mis investigaciones…mil cosas. Cuando me saqué el doctorado decidí que ya era hora de cambiar de vida. Entré en la empresa privada. Vendí pisos por todos los lados, engañe a familias enteras con pisos de muy bajo coste y ahorré. Ahorré de forma enfermiza, me convertí en un avaro. Apenas gastaba.

- Pero no parece que ahora te preocupes mucho por el dinero ¿no? El Rolex lo dice todo.- Le interrumpió Paco.

- Si, es cierto. Estuve ahorrando varios años y entonces me avisaron de lo que ocurría en Andalucía…y en toda España. Ya conoces la historia en Marbella, Cádiz… en toda esa zona había tajada y yo quise formar parte.

- ¿Conociste a Gil?

- Si, y a Julián Muñoz. Gané sacos de dinero, de forma literal. En mi casa de Marbella debajo de la cama tenía sacos de heno rellenos de Euros.

- ¿Y a ti no te juzgan por nada?

- No, fui más listo que el resto, y me largué en el mejor momento. Lo cierto es que me libré por los pelos.

- ¡La leche, que historia! Entonces ahora te dedicas a vivir de rentas. ¿No es eso?

- Así es- dijo orgulloso José Mari.

- Bueno pues, que te siga yendo todo tan bien como hasta ahora. Adiós. Ya me llamarás “yoyos”.

- Hasta luego Paco. Seguro que nos vemos más veces.

Se dieron la mano y se separaron.

Paco, un poco más tarde, entró en su trabajo en el Eroski; mientras que José Mari se refugiaba en su callejón, abría las cajas que ahora eran su cama y antes de dormir, le dio un repaso de pintura color oro a su flamante reloj.
La pintura se estaba desvaneciendo.
.

martes, 25 de noviembre de 2008

Luís el vagabundo

(Otro instante, este algo más largo).
Tres capas de cajas de cartón hacían de colchón, la noche anterior había llovido así que Luís tuvo que cambiarlas. Había estado a la hora de comer en la entrada del almacén del Sabeco, siempre le proveían de colchón sin ninguna pregunta. Preguntas, Luís odiaba que le preguntasen porque debido a su situación todas eran parecidas, todos querían saber como había terminado en el arroyo. Odiaba a los encuestadores.
Colocó todas sus cajas cubriendo un pequeño espacio entre los dos cajeros de la CAI que tenía en su dormitorio, la oficina 145. Sacó de su mochila, lo que vendría a ser nuestra casa, un par de mantas raídas y algo sucias que le acompañaban desde hacía años. Cuando ya estuvo todo preparado abrió el tetra brick de la cena, había que decantarlo, después sacó una cena espartana, la que siempre tenía; un cacho de pan y el litro de vino tinto. El pan se terminó en cinco minutos y se puso a hacer la digestión. Je, je…digestión… ¿eso que será?, pasa cuando comes ¿no?.... Hablaba consigo mismo, era su forma de pensar y de tener compañía. Apoyó la espalda contra la fría pared y abrió el vino. Comenzó a beber, a largos tragos, con el pensamiento turbado y la cabeza dando vueltas sobre su eje; continuó en la misma posición mientras la gente entraba y salía del cajero sin mirarle siquiera ó, como mucho, entrando y huyendo al instante temiendo que les robase.
Así pasó buena parte de la noche hasta que se acabó su agua de fuego, fue entonces con todo el rubor alcohólico reflejado en su cara cuando se quedó inconsciente en vez de dormido.

De repente se asustó, notaba que alguien le tocaba como llamándole la atención. ¡Mierda!...ya me viene la pasma a tocar los huevos… Esta vez pensó en bajo sin hablar y sin abrir los ojos. Entonces quién le estaba tocando para despertarlo, habló y a Luís le sorprendió la voz femenina y cálida que llegó hasta sus oídos.

- Buenas señor, ¿Qué tal está? ¿Quiere compartir este kalimotxo?
- Si – respondió con los ojos abiertos como platos ante la sorpresa de que alguien le volviera a tratar con respeto.

La chica le pasó el vaso de litro para que bebiese y se presentó como Lola. Él metió los dedos roñosos y quitó parte de los hielos. Que gilipollez echarle cubitos, Lola, le quita todo el sabor al vino. Ella asintió tranquila, más por la borrachera que llevaba que porque su compañero le inspirase tranquilidad.

Estuvieron hablando tanto como duró el litro, que fue cerca de una hora. Aunque más bien se diría que Luís escuchó y bebió mientras que Lola hablaba; los primeros quince minutos solo balbuceó que su novio le había dejado porque llevaba una temporada muy mala y él había sido incapaz de comprenderla. Luís la dejó llorar un rato, pero a los cinco minutos la cortó para pedirle el libro, y como no le parecía bien hacerlo sin más en esta situación, indagó un poco sobre su mala racha. Lola estaba sufriendo el divorcio de sus padres, en el que tenía que actuar como testigo para declarar si su madre había sufrido violencia doméstica; y ella tuvo que decirlo delante de su padre en el tribunal. Era la primera vez en su vida que reconocía que había visto y, alguna vez, sufrido los arrebatos alcohólicos de su padre; sus padres llevaban ya varios meses en el proceso y su novio no la quería como necesitaba porque conociéndolo todo, la había abandonado en el momento en que sus pequeñas espaldas ya no podían soportar nada más. Hacía unas horas que la habían dejado y aunque sus amigos la rodearon y apoyaron toda la noche, ella se sentía sola y notaba como la realidad le superaba; era demasiado real. Lloró delante de Luís, lloró mucho, desconsolada e inconsolable.

Luís, el vagabundo, mientras se lo contaba, recordaba su propia historia y bebía. Rememoró la bancarrota de su empresa, como su mujer le abandonó por su socio, como ahogó sus penas en alcohol, cada día más y luego… ya no pudo recordar más.
Lola seguía llorando encerrada en sí misma, agarradas las rodillas y con la cabeza gacha. Luís la comprendió y actuó como le hubiera gustado que actuaran con él en su mala racha. La abrazó fuerte, con el cariño reservado durante tantos años solo y volvió a llorar tras mucho tiempo insensible. Lola miraba al suelo y se cogía las rodillas en posición fetal, de repente notó un olor desagradable y fuerte que le rodeaba; después sintió calor, mucho calor; unos brazos esqueléticos pero cálidos como ningunos otros, la rodearon; nunca había sentido tanto cariño. A Lola el corazón le latía cada vez más fuerte; a Luís le volvía a latir. Lola recuperaba la esperanza a cada segundo que pasaba, veía el futuro ancho y largo, grande y con mil opciones; y aunque aún le caían lágrimas sintió que quedaba mucho por hacer, además tenía gente que le quería y apoyaba. Por primera vez en mucho tiempo, sonrió.
A los diez minutos de estar así Lola se soltó, miró el reloj y apenada se despidió de Luís, no sin antes darle las gracias y ofrecerle algo de dinero que Luís, orgulloso, no aceptó.
Lola se fue y Luís volvió a quedarse solo, esa noche no durmió, si lloró y a la mañana siguiente llegó a una resolución…Quizás pueda superarlo, como Lola, solo tengo que intentarlo…

Desayunó un litro de cerveza.
.

Los despreciados

Querido diario,

Por razones personales (tengo novia) y de edad (las responsabilidades llegan en cierta fecha) ya no salgo lo que salía desde los catorce años hasta hace año y medio, cuando casi se podría decir que vivía en la calle. Pasaba noches enteras seguidas de un sitio para otro, de casa en casa, parando por las esquinas a fumar, hablar, descansar... En todos esos años conocí a personas sorprendentes en cuerpos descuidados y enfermos que aún así mantenían cierta alegría cuando les tratabas con normalidad. Eran los vagabundos, gente a la que tratamos con un prejuicio que siempre nos supera ante lo anormal e incompresible dentro de la sociedad que nos encorseta.

Recuerdo cuando conocí a un vagabundo nihilista que llevaba consigo una tarjeta de presentación con el número de teléfono de donde le solían permitir dormir. Nos lo encontramos en la ciudad universitaria acompañado de una mochila que para nuestra sorpresa contenía un cachorrillo, un gato negro que se había encontrado abandonado que nos acompaño mientras charlábamos toda la noche. En los viajes que he hecho en el que el vagabundo era yo (falta de presupuesto ji, ja!), los autóctonos te acompañaban y te daban conversación, tabaco... a veces un susto. En Amsterdam otros te invitaban a comer espaguetis cocidos en la calle.


Claro que también existen los que te gritan al pasar, los que te atracan (pocos), etc. Pero no tengo intención de criticarlos. Solo quiero que sepan que hay quién no les mira con desprecio; aunque veo difícil que se enteren por Internet;)

domingo, 16 de noviembre de 2008

Querido diario,

Al final me he decidido, si que voy a escribir el día a día de mi vida o... puede que no sea mía (mira la entrada anterior para entenderlo).

Querido diario,

Llevo ya muchos años fumando y nunca he sido capaz de quitármelo; ni cuando tuve el neumotorax pensaba en dejar de fumar, sabía que tendría que estar un tiempo sin tabaco pero tenía en el horizonte un amplio cielo para llenar de humo, estaba seguro de que a los días volvería a fumar, pero hace unos años ocurrió algo que me hizo replanteármelo.

Estaba en un festival de Jazz, y por culpa de salir a la calle diez minutos a fumar perdí mi sitio, un cantante de uno de los grupos se sentó en mi silla; salí y perdí mi bebida, se la quedó el cantante; fumé y se me llevó la cazadora el odioso vocalista; y por último, en cuanto volví adentro, me robaron la cita, el cantante se la llevaba a fumar al backstage. Así que allí mismo, de pie, con sed, helado y sólo, resolví que nunca más volvería a fumar. Lo intenté de todas la maneras y cuando me iba a dar por vencido se me ocurrió esta que aquí escribo como la escribí entonces. (Ya estoy en la última fase, no se extrañen si me ven con un bote pequeño siempre en las manos).


PLAN MAESTRO PARA DEJAR DE FUMAR

Fumo desde los quince años, y los siguientes cinco me comía también las uñas. Esto fue porque siempre que no fumaba me entraban ganas de hacerlo y para soportarlas me mordía los dedos por todas sus partes, desde los padrastros hasta las uñas. Así, además, me pasé cinco años sin necesidad de cortarme las uñas, tampoco las de los pies ya que siempre he sido bastante elástico.

Entonces planeé como dejar de fumar, pero para ello necesitaba primero dejar de comerme las uñas, no sé si llegan a comprender mi lógica; resultó ser más complicado de lo que creía, necesité cerca de un año de mucho fumar y masticar chicle para no destrozar las uñas continuamente.
Finalmente lo logré, el primer paso de mi plan había terminado satisfactoriamente.

A partir de ese día me exigí rebajar la cantidad de cigarrillos que fumase cada día, llegué a rebajarlo a seis pitillos al día, pero me costó otros tres años. A la par en estos años ya me cortaba las uñas y aquí empezó la segunda parte de mi método para dejar de fumar. Todas las uñas las guardaba recién cortadas en una bolsita de plástico con otro uso anterior mucho más placentero y, por fin a los tres años había llenado una caja de zapatos.

Pero es ahora cuando llega la parte principal del plan. A partir de hoy saldré con un botecito lleno de uñas, y cada vez que quiera encender un cigarro abriré el bote, cogeré una uña y la masticaré, la morderé, romperé en varias partes y jugaré con ella hasta que se me pasen las ganas de fumar.

No se si estoy loco pero lo voy a intentar.

¡¡Deséenme Suerte!!

miércoles, 12 de noviembre de 2008

A continuación...imaginación

Buenas a quién este ahí! Continúo con este blog de clComprobar ortografíaase, pero como en la anterior entrada, no tengo muy claro de que tratar. Así que estoy pensando en escribir mis "instantes" y a la vez hacer una especie de diario aunque eso si, puede que no sea real, o si. Puede que desnude mi alma, que sean todo mentiras o que haga una mezcla (¿a que soy un artista en el arte de la intriga? ;) ).

Mientras me decido os dejo con otro escrito, surgido del aburrimiento que se puede acumular si intentas cruzar Zaragoza en autobús a hora punta aunque nada tiene que ver con el aburrimiento, Zaragoza o los autobuses:

GIRASOLES

Tornan su cabeza los girasoles al pasar tal belleza.

Su larga y brillante melena dorada les confunde.

Gritan desesperados al no encontrar el calor que esperaban de ella;

porque ella, quien tan cálida parece, es fría como un témpano.

Los girasoles hundidos y desorientados pierden las pipas antes de
tiempo, como si lloraran.

La de la dorada melena, su falso ídolo, ni tan siquiera les ve;

no se da cuenta del influjo que tiene,

bajo el cuál incluso el sol olvida sus responsabilidades

y le dirige su mirada y sus rayos sólo a ella si por ahí está.

lunes, 10 de noviembre de 2008

Bueno... ya era hora.

Qué tal? Me encuentro ante una página en blanco esperando que comience a escribir en mi blog de una vez. Este blog no es algo personal sino que se trata de un trabajo para la carrera, he estado pensando mucho sobre que quería reflejar en el blog y tras mucho meditar sólo tuve una idea; que por cierto llevaba tiempo rondando mi cabeza.


Hace seis o siete años empecé ha escribir pequeñas historias a raiz de una época dura en la que me refugié en mi mismo, conseguían evadirme de la realidad y dejaban que mi imaginación se perdiera por lugares recónditos y ajenos a lo que me rodeaba, haciéndome olvidar cosas que, ahora sé que el tiempo suaviza pero no borra. A estos mínimos escritos los llamé "instantes". (Nombre que me hubiera gustado ponerle pero ya estaba cogido).

Así que a partir de hoy colgaré estos "instantes" sin orden ni sentido en mi blog.

A continuación el primer "instante":


ENTRE LÁPIDAS


Se levantó, miró a un lado, el otro; nadie, soledad.
Apagó la luz y fue a la cocina; sus pasos sólo producían eco.
Se llenó un vaso con leche y en el mismo vertió zumo; no había quien que se lo recogiera.
Se vistió y se arregló para el trabajo; nadie le avisó de la mancha en su corbata.
Bajó al garaje, entró en el coche, llegó al trabajo; no dejó a nadie de camino a la oficina.
Encendió el ordenador, escribió, lo apagó y esperó a la pizza; no había nadie a su alrededor.
Volvió a encender el ordenador, volvió a trabajar y lo volvió a apagar; tiró contra la pared el cenicero y nadie se lo recriminó.
Abrió el coche, lo arrancó y empezó a subir la cuesta del garaje; la radio estropeada, ni la música le acompañaba.
En la salida del garaje alguien se sorprendió al verlo; los coches colisionaron.
La maquina del hospital dejó de pitar y el médico tapó su cara con indeferencia.
En el entierro ningún familiar acompaño el féretro y ningún amigo le llevó flores.
Entre lápidas mira a un lado, al otro. Mucha gente, soledad.

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